La vieja discusión sobre si el periodismo es o no un género literario, de si merece o no ser considerado literatura, pierde sentido en la obra de Tomás Eloy Martínez (Tucumán, 1934 - Buenos Aires, 2010).
Él encontró el modo de ejercer y enseñar un periodismo impecable, que cumplía con todas las normas esenciales del oficio, pero también de desplazarlo hasta la neblinosa frontera tras la cual empieza la ficción. Él hizo visible, palpable esa frontera, poniendo de relieve que la realidad es una forma de ficción.
En sus novelas -
La novela de Perón,
Santa Evita,
El vuelo de la reina,
El cantor de tango- y en las crónicas que reunió en libros como
Lugar común la muerte, Martínez demostró que es posible investigar y documentar la realidad para hacer un periodismo sólido y útil, pero que todo este trabajo puede convertirse en arte, sin perder su función sino agregándole hondura y belleza.
Estudió Letras y empezó a escribir, muy temprano, noticias y reseñas de cine. Luego pasó a dirigir páginas o suplementos culturales en
Panorama o
La Opinión, en Buenos Aires, donde ayudó significativamente tanto a dar visibilidad y discurso crítico al boom de la novela latinoamericana, como a difundir en el ámbito hispanohablante, con el ejemplo, el repertorio técnico del Nuevo Periodismo.
Cuando las cosas se oscurecieron demasiado en Argentina se exilió en Caracas, en 1975, para trabajar en
El Nacional y fundar luego
El Diario de Caracas. Se fue de Caracas en 1991 y se hizo mucho más internacional, haciendo carrera académica y fundando medios en México y Argentina. Se llevó consigo a su esposa venezolana, la periodista e investigadora literaria Susana Rotker, quien fallecería después en un accidente en Nueva Jersey, donde ambos se habían radicado para enseñar en la Universidad de Rutgers.
En 2009 Tomás Eloy Martínez, ya consagrado como un maestro de periodistas en tanto cofundador de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, recibió el premio Ortega y Gassett por su trayectoria.
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Fuente: Varios
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